LA PASTILLA MILAGROSA

 

JUAN: ¡Cuánto tiempo sin verte! Me dijeron que estabas enferma.

MARÍA: Sí, estaba.

JUAN: ¿Ya no estás?

MARÍA: No.

JUAN: ¿Qué te pasó? Te has recuperado pronto.

MARÍA: Pues a mí se me ha hecho muy largo, han pasado cinco años…

JUAN: Yo me enteré hace un año. ¡Ah! Pues yo te veo muy bien.

MARÍA: Hernia discal, infarto, cáncer, enfermedad autoinmune, fibromialgia, ansiedad, insomnio, síndrome de fatiga crónica, enfermedad de Chron, colon irritable, úlcera, depresión…miles de ellas que no podré enumerar…escoge una o llámalo como quieras. Siempre es una enfermedad o una pérdida. Yo tuve alguna de esas, cada uno tiene lo suyo y todos sufren lo mismo. A nuestro modo, nuestros problemas son los peores del mundo y los más difíciles de superar…

JUAN: No sabía que hubieras estado tan mal…

MARÍA: Normalmente sólo lo sabe la persona que lo está sufriendo, la persona que convive con un enfermo. También las personas que no han pasado por eso ni conviven pero que sí tienen un alto grado de empatía y sensibilidad.

JUAN: No sé, no habrás estado tan mal si ahora estás así…de bien…

MARÍA: No ves más allá de tus narices ni deseas ver. No confías, ni en que las cosas hayan podido desmoronarse tanto al extremo, pero tampoco confías en que cuando se está en un pozo negro se pueda salir de él.

JUAN: ¿Qué me estás diciendo?

MARÍA: Qué necesitas una vivencia de pérdida para valorar y entender, como me sucedió a mí.

JUAN: ¿Entender qué?

MARÍA: Eso es…Ni siquiera tú lo sabes, por eso lo necesitas.

JUAN: Yo tengo de todo, a mí no me falta de nada.

MARÍA: Exacto. Precisamente por eso. Nadie cree lo dura que se puede llegar a poner la vida, pero tampoco lo maravillosa que puede llegar a ser.

JUAN: No sé…tú sabrás…No te recordaba tan tajante…Por no decir…

MARÍA: ¿Borde?

JUAN: Sssí…

MARÍA: A lo que tú llamas «borde», yo le llamo sabiduría, le llamo haber aprendido a poner límites y a decir «no». Le llamo amar, guardando energía para uno mismo cuando la necesita y no regalándola tontamente a los demás para luego echárselo en cara cuando todo va mal…Que yo sepa, no te estoy faltando al respeto, ni tratándote con condescendencia, ni elevando el tono. Sencillamente estoy serena y ya no hablo como antes, poniendo energía en mirar siempre por los demás antes que por mí.

JUAN: Hummm…Creo que me cuesta entenderte…

MARÍA: Tranquilo, es normal, todos pasamos por eso. Al menos tienes el valor de decírmelo. Muchos me han llamado «loca», «obsesiva», «sacar punta a todo», me han ignorado por estar enferma, por ser diferente, por escoger decisiones que muchos no harían ni locos por temor…Cuando en realidad tal vez la mayoría no estaba preparada para entenderme, tal vez para mí era normal desarrollar una comprensión del mundo derivada de lo que yo estaba pasando. Una persona que lo tiene «todo» y no lo valora realmente, no necesita pensar, y tampoco considera que tenga tiempo para eso…

JUAN: Me dejas boqueabierto…No sé…¿Qué has hecho?

MARÍA: He tomado unas pastillas mágicas que me costaba mucho conseguir a todas horas…

JUAN: No serás drogadicta…

MARÍA: La verdad es que sí, algo de adicta tenía, tenía muchas malas costumbres a las que era adicta, como malgastar (dinero, tiempo y energía) en juzgar, en hablar sin saber, maltratarme, engullir comida, aceptar trabajos y personas de digestión rápida en mi vida…lo normal para muchos, ¿no?

JUAN: Mira que eres rara…

MARÍA: Pues sí, muchos lo dicen…Seré rara, pero seré una rara SANA.

JUAN: ¿Qué pastillas eran esas? Dímelo y me las tomo yo también, ¡jaja!

MARÍA: Pastillas milagrosas…mágicas…Cuestan mucho de conseguir…Y el problema es que nadie puede conseguirlas por ti. Sólo puedes hacerlo tú mismo. Lo más duro es conseguirlas cuando el dolor, el insomnio, el abandono, el desaliento, la desesperación, la incomprensión y la inmovilidad te dominan…

JUAN: ¿Quieres decírmelo ya, que me tienes intrigado? A mi padre le vendrían muy bien…

MARÍA: Vale, tranquilo…ahí va. Además del tratamiento que decidí escoger y seguir a rajatabla tomándomelo en serio (cada cual el que SIENTA que le va a funcionar), tomé las pastillas. Las pastillas son…¡tachán, tachán! (redoble de tambores).

JUAN: ¡¡María!!

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MARÍA: Mira, todas estas pastillas las tuve que tomar cada diez segundos durante cinco años, y a día de hoy las sigo tomando continuamente. Antes de la enfermedad muchas ni las conocía y así acabé:

PASTILLA 1: Fuerza de voluntad

PASTILLA 2 : Alimentación adecuada y ayunos cuando el cuerpo lo pida

PASTILLA 3: Respeto de los ritmos circadianos de sueño, cuidar el cuerpo como un templo, horarios flexibles para todo, no rígidos

PASTILLA 4: Perseverancia y constancia

PASTILLA 5: Gestión de la energía y el tiempo

PASTILLA 6: Poner límites, saber decir «NO» sin sentir culpa

PASTILLA 7: Esfuerzo

PASTILLA 8: Sentido del humor

PASTILLA 9: Expresar la ira y las emociones de forma controlada, haciendo un esfuerzo diario escogiendo el momento y el lugar, a solas. No guardarlas ni esperar a soltarlas sin control en el peor momento, destrozando a los seres inocentes más cercanos a los que luego encima culparás si se alejan de ti

PASTILLA 10: Ejercicio físico, estiramientos, aún estando en cama

PASTILLA 11: Lectura, búsqueda de conocimiento, aprender de otros

PASTILLA 12: Docencia, enseñar a otros

PASTILLA 13: Respeto, tolerancia, paciencia

PASTILLA 14: Reconocimiento de un trabajo de calidad, rechazar trabajos que quitan la salud, jamás estarán pagados ni compensarán. A veces sale más barato vivir  bajo un puente que arrastrarse enfermo por tu casa y tu trabajo hasta acabar inmóvil postrado en cama, y al borde del suicidio

PASTILLA 15: Gestión e inversión económica sanas. Aprender a dar valor a las cosas

PASTILLA 16: Disposición para aprender de la convivencia

PASTILLA 17:  Disposición para aprender de los errores y mejorar

PASTILLA 18: Seguir adelante con todo lo que beneficia a tu curación, lo entiendan los demás o no, lo respeten o no

PASTILLA 19: Aprender a comprender, ser compasivo y perdonar

PASTILLA 20: No juzgar nunca, y menos sin saber o conocer a alguien, ni criticar de forma destructiva

PASTILLA 21: No autofustigarse ni culparse. Siempre hacemos lo que creemos mejor aunque nos equivoquemos, por eso lo hacemos.

PASTILLA 22: Entender y aceptar que no te entienden

PASTILLA 23: Responsabilizarse y cuidar cada palabra, pensamiento y acción. Enseñar a otros a ser responsables sin imponer

PASTILLA 24: Pedir perdón y corregir los errores

PASTILLA 25: Dar las gracias por lo que se tiene en cada momento

PASTILLA 26: Convivir mucho en la naturaleza, los animales, los niños, seres poco intoxicados que te enseñen y recuerden lo que es amor

PASTILLA 27: Aprender a decir «SI» cuando lo deseas

PASTILLA 28: Seguir siendo tú, original, auténtico aunque a los demás no les guste. Si ya no les gustas, tal vez ya no haces lo que a todo el mundo le venía bien y no valoraba en ti, ahora que lo han perdido

PASTILLA 29: Seguir adelante con el tratamiento que claramente te beneficia y en realidad no perjudica a nadie (por perjudicar no se entiende seguir complaciendo a los demás por encima de tus necesidades, ni que la gente se enfade porque no haces siempre lo que ellos quieren por egoísmo). Seguir adelante ahí cuando los más cercanos te abandonan o ignoran por no comprenderte.

PASTILLA 30: Seguir adelante aunque soportes insultos o faltas de respeto. Para eso tomas la pastilla de «poner límites» y decir BASTA YA

PASTILLA 31: Seguir adelante aunque sólo tú lo entiendas

PASTILLA 32: Seguir adelante aunque todo parezca oscuro y aún no veas nada

PASTILLA 33: Seguir adelante aunque sólo tú lo entiendas y reúnas la fortaleza y el valor de invertir tiempo y energía en enseñarlo a los que no entienden pero sí desean aprender de ti

PASTILLA 34: Alejarse de amigos, familiares y personas que claramente te ignoran o no te apoyan tras decenas de intentos de fraternidad, especialmente por parte tuya.  A veces no hace falta alejarse, ellos se anticipan, se alejan a la mínima que dejas de hacer lo que hacías y les venía bien y no quieren volver a saber se ti porque no les complaces. Ya no lo haces porque estás enfermo, en un futuro pondrás límites estando sano. Llega un momento en que hagas lo que hagas, digas lo que digas aunque trates de hablar, comunicarte, o dejar las aguas que se calmen hay personas que no desean avanzar y permanecen sumidas en la oscuridad y el rencor. Siempre considerarán que tú eres el malo y has de arrastrarte a pedir perdón continuamente por cosas que no has hecho. Eso no es amor. Apártate y no dejes que te roben energía que necesitas para curarte y hacer cosas constructivas. No será beneficiosa en tu vida la persona que te juzga, te pone continuamente condiciones, te rechaza por no tener dinero, por estar enfermo o no hacer lo que desean. No intervengas a ayudar a personas que no desean ayuda. Respeta eso, aunque sea duro.

A muchos les encanta que te arrastres a pedir perdón cuando la ofensa para ellos, frustrados en su pozo de oscuridad, fue ser tú mismo.

SU VIDA ESTÁ TAN VACÍA QUE INCONSCIENTEMENTE NECESITAN QUE LOS DEMÁS SE ARRASTREN A PEDIRLES PERDÓN POR TODO. LO VEN COMO ÚNICA FUENTE DE SATISFACCIÓN.

LA HUMILLACIÓN DENIGRA EL ALMA.

 

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PASTILLA 35: No dar siempre explicaciones. La mayoría de las veces es inútil

PASTILLA 36: Aprender del silencio y la soledad

PASTILLA 37: Si te ves fuerte y con ganas, colabora en causas humanitarias, solidarias, ONGs. Siempre se puede hacer más con menos, pero jamás olvides que primero eres tú. Debes estar sano para poder ayudar. No olvides tampoco que el objetivo de estar sano no siempre es para darlo a los demás, muchas veces estar sano y feliz sencillamente porque sí está bien.

PASTILLA 38: Aprender a convivir con la oscuridad de tu alma  y la de otros. Controlar esa oscuridad.  Trascender el deseo o intento de suicidio, el dolor, el sufrimiento y comprender lo que hay detrás de esa experiencia. Tal vez esto sea lo más duro. Muchos salimos de ahí solos. Una voz oscura dice: «Hazlo, acaba con todo». Otra más brillante y luminosa te dice: «No me lo creo. No puedes acabar así, no viniste para esto, tiene que haber un modo mejor que aún no sabes. Tiene que haber algo más…». Cada persona elige la decisión ante la dura prueba. Nunca se debe recriminar a un suicida. Cuando estés en una situación similar, prueba a juzgar a ver si te sale.

 

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PASTILLA 39: Evitar zonas que puedan robarnos energía y regalarnos estupendos dolores de cabeza (entre otras cosas) donde hay «almas perdidas». Al principio, no tenemos fuerza psíquica para entender nada ni para protegernos. Cuando aprendamos a controlarlo y autodominarnos, entonces sí. Energía de consumismo compulsivo que nos arrastra a gastar sin control en centros comerciales, energía de miedo en los miedos de comunicación que nos mueven por miedo, energía de pérdida y dolor en un cementerio, energía de desánimo en una muchedumbre, energía de miedo, culpa, estancamiento y victimismo en algunas iglesias o entidades religiosas de cualquier tipo (depositar el poder siempre en lo externo, esperar a que otro lo haga todo por mí sin hacer yo nada). Aquí se trata de pedir ayuda a un poder superior, al mismo tiempo que yo hago méritos y me esfuerzo a diario. Se trata de que «bien y mal», «cielo y tierra», «humano y universo» trabajemos juntos. Allí arriba no pueden hacer nada si nosotros no damos permiso. Su regalo de amor inmenso fue el libre albedrío, aunque aprender por nosotros mismos implicara trillones de pérdidas y de sufrimiento a lo largo de la Historia…

PASTILLA 40: Si te sientes desfallecido, desesperado, desamparado expresar las emociones en el momento, no aguantar por el qué dirán. Aceptar tu parte oscura y trabajarla con amor. El infierno y el cielo están aquí, y son las personas las que hacen de tu/su vida un infierno, o un cielo

PASTILLA 41: Libertad, confianza, deseo de la unidad familiar, de la unidad de la Humanidad. De ti con todos aquellos que te lo pidan o lo deseen, pero no obligar a los que no desean avanzar, deberán aprender solos como muchos hicimos ya antes en algún momento.

PASTILLA 42: Escuchar a tu voz interior, palabra y acción en tu vida basadas en la colaboración cerebro-corazón

PASTILLA 43: Enseñar lo que has aprendido

PASTILLA 44: Perdonar, esta es la pastilla con los efectos más potentes en cuanto a curación se refiere

 

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Es posible tomar todo eso en una sola pastilla. Se llama…

AMOR

Mmmm…creo que no me dejo nada…

 

JUAN: ¡¡Dios, mi padre se muere!!

 

 

 

MENSAJE DE MARIA AL LECTOR:

Como me funcionaba, y me costaba mucho esfuerzo al principio conseguirlas, terminé por acostumbrarme INCLUSO EN LOS MOMENTOS QUE NO DESEABA HACERLO O NO ME SENTÍA BIEN, que eran continuos.

Al final no fue tan difícil.

Ahora estando sana, sigo llevando esos hábitos y tomando esas pastillas mágicas que me mantienen más fuerte y sana que nunca. Ahora no me cuesta tanto conseguirlas, la rueda está en marcha y la controlo bien.

Lo más duro fueron los inicios, donde tenía que mover y mover y mover y la rueda nunca se ponía en marcha.

Tardé años, no es broma.

De repente un día, harta, me apoyé en la rueda desfallecida. La fuerza y perseverancia del principio habían desatascado la rueda de la tierra, y sólo necesité dejar de hacer fuerza y dejarme caer sobre ella para que esta se moviera con menos esfuerzo.

Necesité alternar unos cuantos meses, y un par de años más de hastío y perseverancia para poder alcanzar a poner la rueda en marcha. Sólo ponerla en marcha. Luego había que aprender a conducirla por el camino adecuado. Esto dura meses, años, y nunca se deja de aprender a conducir…Hasta que la rueda se para.

La mayoría está sentándose encima de la rueda metiéndola en la tierra hundiéndola más en el fango porque es más cómodo que tratar de esforzarse por moverla y conducirla.

Cuando están casi hundidos piden ayuda y es más difícil sacarla. Si la ayuda que reciben no funciona al instante porque se sienten desesperados por el hundimiento, culpan y decretan que nada funciona. Lo raro es que funcionara.

Hay muchos tipos de ruedas, grandes, enormes, pequeñas, pesadas, de hierro, ligeras, de plumas, intermedias… Cada uno tiene la suya y tiene que aprender a moverla dependiendo del material del que esté hecho, pues no todas las ruedas pueden ser conducidas igual.

La rueda es tu alma, la rueda eres tú.

 

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