EL CASO DE LA CASA DE UNA AMA DE CASA

Los personajes son ficticios, pero basados en historias y personas de la vida real.

 

Victoria es ama de casa.

Tiene 45 años, y formación en corte y confección. El resto lo ha aprendido trabajando en el hogar, desde niña.

Trabaja ocasionalmente en colaboración con su marido, que tiene una tienda de ropa de hombre. Tienen dos hijos: Sara y Alfredo. Tienen 18 y 25 años, respectivamente.

Imaginad cómo sería. Si yo pudiera hablar con Sara y Alfredo…

 

 

YO: ¿Qué tal todo?

SARA: Puff, de exámenes. Este año hago selectividad…

ALFREDO: Yo estoy acabando un módulo y voy liado. Me estoy sacando el carné de conducir…

YO: Estáis todos en una etapa dura. Pero si lo pensamos bien, ¿y qué etapa no lo es para cada uno de nosotros en la vida a nuestro modo?

SARA: No sé, yo estoy peor porque tenemos muchos deberes y exámenes y no tengo tiempo para salir, con la dichosa Selectividad. Llevo dos años intentando aprobar…

ALFREDO: No digas eso. Yo estoy peor que tu que soy mayor, llevo un módulo con exámenes y además el carné, y buscando curro…Dios sabe si podré irme de casa. pronto superaré la media.

YO: ¿Vuestra madre cómo anda?

SARA: Ahí va, como siempre…

ALFREDO: Yo la veo tan desquiciada e histérica como siempre…

YO: ¿Alguna vez habéis vivido fuera o vuestros padres os han enseñado a llevar un hogar?

SARA: No, pero supongo que eso lo sabes cuando te independizas.

ALFREDO: Yo por el momento estoy gratis allí hasta que acabe el módulo y trabaje por mi cuenta. Algún día me iré.

YO: Normalmente salvo que te hayan enseñado a llevar una casa, o que hayas pasado por la experiencia de vivir sólo, las personas no suelen apreciar el valor de mantener un hogar. Ahí la responsabilidad recae en si vuestros padres HAN ESTADO DISPONIBLES O NO PARA ENSEÑAROS Y AMAROS.

SARA: ¿Qué quieres decir?

YO: Independientemente de que vuestros padres tengan y tuvieran la responsabilidad de enseñaros, también vosotros la tenéis para aprender a manejar un hogar. Imagina que vas a la peluquería. Pagas y sales con el pelo visiblemente arreglado.

ALFREDO: ¿Y qué?

YO: Imagina que un barrendero o una limpiadora no acuden a trabajar durante una semana. El grave problema de salud pública que tendríamos sería fatal. Pero aún cuando a ellos se les paga, la mayoría de gente les echa de menos cuando no están y les mira por encima del hombro cuando deberían ser cuidados al máximo. Una ama de casa, ni siquiera disfruta siempre de ninguna recompensa pues su trabajo dura poco y requiere de un gran esfuerzo.

Sólo la casa precisa las tareas básicas que no pueden esperar más allá del periodo comprendido entre un día mínimo y máximo una semana: hacer la comida, fregar los platos, lavar y doblar ropa y mantener el baño limpio. Depende del hogar. Comer es un vicio diario, y lavar la ropa depende del susodicho. Cuando el tiempo y la salud lo permiten y recae en una sola persona, contamos con la limpieza de la casa, barrer, fregar el suelo, hacer las camas, hacer la compra, limpieza general, limpieza a fondo…

Pero todo eso apenas dura poco tiempo. Requiere gran esfuerzo. Como cuando pasas una mañana entera preparando un guiso, una tortilla de patatas, unos canelones al horno, y en menos de dos bocados y en cinco minutos cuanto menos, han desaparecido…Comer comida prefabricada es más rápido, pero no más sano, ni a la economía, ni a la mente, ni a las emociones, ni al cuerpo de nadie. Y ni hablemos de la ecología o la sostenibilidad económica. Muchos ya sabrán a lo que me refiero.

Todo eso teniendo en cuenta que sea una casa pequeña. Si se trata de una casa grande, la labor es horrible, y más estudiando y trabajando. Cuando hablamos de cuidar a un enfermo la tarea es infernal…

SARA: Pero nuestra madre no trabaja como nuestro padre…

YO: Vuestra madre tiene 4 responsabilidades, 3 trabajos y apenas medio sueldo.

ALFREDO: Explícate.

YO: Responsabilidad de cuidarse ella antes que nada, responsabilidad de llevar una casa, responsabilidad de trabajar y responsabilidad de cuidar de la familia. Sus responsabilidades son las mismas que las del resto de la familia aunque nadie más que ella lo vea. Tiene tres trabajos que hace: los demás, la casa y la tienda. Trabaja pero no cobra ni es valorada por nadie. Descuida, como todos, el trabajo más importante pero más agradecido: CUIDAR DE UNO MISMO. Sólo recibe un poquito a nivel económico, del trabajo de vuestro padre.

SARA: ¿Tenemos esa responsabilidad? Yo la ayudo a veces cuando puedo porque veo que la pobre no puede más…A veces me gustaría ayudarla, sobre todo cuando se pone enferma…

 

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YO: Un error muy común es esperar a que ella acabe enferma para empezar a moverse el resto de la familia. Ella ha de aprender a poner límites y a cuidarse. Reconocer que no puede pretender que si no os ha enseñado, ahora sepáis llevar un hogar. ¿Esperarías a que el ser que más amas muriera para decirle que le quieres? ¿De qué le sirve que le digas «Te amo», una vez muerto? Es muy cruel esperar a que esa persona enferme, que todos estén rezando para que se cure, y no por ella, sino para no tener que mover un dedo en casa. Y no sólo eso, sino que una vez se recupera, si es que lo hace (que no siempre es así, y es cuando todos comienzan a espabilar, unos a delegar y otros a responsabilizarse) o llega el fin de semana la familia deja caer de nuevo el peso muerto y la vuelve a cargar con todo. Muy bonito, ¿no? Por otro lado, sigo insistiendo que ella tiene una GRAN LECCIÓN pendiente por aprender. Sólo ella es responsable de canalizar su resentimiento y no generar más generando asertividad y un REPARTO DE TAREAS.

SARA: Tenemos que estudiar…

YO: Ella también lo hace a su manera. Si recibiera más ayuda y apoyo, tal vez no estaría tan tirante, sería más productiva en menos tiempo y todo estaría más equilibrado. ¿Acaso vuestra madre no trabaja? ¿Acaso mantener todo limpio y NO ENSUCIAR no es un trabajo o una responsabilidad? No se trata de que los hijos lleven una casa. Hay casos donde se carga a los hijos con esa responsabilidad y son los padres quienes no valoran el esfuerzo de los hijos porque siempre están trabajando y la situación se invierte. Esos hijos no pueden hacer su vida. Que os quede claro que un hijo puede ayudar y que el reparto sea equitativo, pero no tienen la obligación real, pues si muchos padres alegan que la casa es suya y no de los hijos, también lo es para lo bueno y lo malo con todas sus consecuencias. ¿No? Hay padres que reprimen mucho a los hijos en cuanto a disfrute de la casa porque dicen que es suya, pero luego exigen responsabilidades de mantenimiento del hogar  a los hijos y que no son acordes a esa visión. Por ejemplo, «te quiero para limpiar y mantener la casa, pero no puedes comer a la hora que te permita tu trabajo, tienes que esperar a que estemos todos», o «yo te mantengo, tú estudias, trabajas y te casas cuando, donde, como y con quien yo diga». Pero eso es otro caso.

ALFREDO: Yo a veces hago las cosas mal, y así al final lo acaba haciendo ella, jaja…

YO: ¿Sabes el daño que le haces a tu madre y lo irresponsable que eres? ¿Tienes pareja o mujer?

ALFREDO: No.

YO: Bien, no soy quien para juzgar si la mereces o no. Aunque en el fondo considero que vuestra madre no ha puesto límites ni ha sido capaz de expresar lo que siente ni pedir ayuda para que las tareas se repartan, eso no te da derecho a aprovecharte de ella. Ella debe aprender, pero tú también. En algún momento necesitarás vivir y llevar tu casa o colaborar con una mujer, si deseas tenerla. ¿Crees que ella lo va a hacer todo? ¿La abandonarías sólo porque es capaz de ser justa y poner límites tratando de repartir las tareas porque si, o porque no alcanza a compaginar todo? ¿Qué crees que sucede a chicos como tú en cuanto a convivir con una pareja cuando se van a vivir juntos o se casan?

ALFREDO: Supongo que al final la ayudaría…

YO: Lo harías en cuanto veas que la pierdes o que no se comporta como una madre…¿no? Sabed que no hay que ayudar, sino REPARTIR. Cuando ayudas, tienes la concepción de que el otro lleva todas las tareas y tú sólo colaboras. Todos han de colaborar.

SARA: A ver, yo la ayudo. Perdón, lo hago con ella cuando puedo, muchas veces ella no me dice nada si estoy estudiando. Sabe que aprovecho el tiempo y lo valora.

YO: Ella comprende el valor de tu esfuerzo. Alfredo, antes has dicho que es gratis…

ALFREDO: Si, trato de ahorrar para irme. Aunque la cosa está cruda.

YO: Te doy la razón en todo, salvo en una cosa. Que tus padres os acojan no les da derecho JAMAS a echaros en cara que os tuvieron, os mantienen y os cuidan. Se supone que ellos eligieron teneros por AMOR,  y aceptaron la responsabilidad de cuidaros INCONDICIONALMENTE. Pero eso no justifica que os acomodéis. Si no lo hicieron desde el amor la responsabilidad de ellos es la de reparar el daño, comprender y disculparse. SI, SI, UNOS PADRES HAN DE DISCULPARSE CON LOS HIJOS Y EL UNIVERSO NO SE DESINTEGRARÁ, TRANQUILOS.  Pero vuestra responsabilidad, tanto si ellos cambian como si no eligen el camino del amor, es otra. Necesitáis valorar el esfuerzo de conseguir las cosas y de aprender. Una casa no es gratis, la luz y el agua no son gratis. Cocinar, poner la mesa, fregar, sacar el menaje del lavavajillas, limpiar, barrer, lavar, planchar, doblar ropa, hacer camas, gestionar las cuentas, cuidar las plantas o el jardín, mantener una casa o coche…Nada de eso es gratis. Requiere de un esfuerzo que no suele ser valorado y que dura muy poco. Continuamente hay que volver a empezar…¿Me explico? Vuestros padres no conocieron la prosperidad, sino la escasez. Os recomiendo que si ellos no desean ser prósperos eso no quita que vosotros no debáis comenzar a trabajarlo ahora. Podéis ser más ricos que vuestros padres si os lo proponéis, e incluyo la riqueza ECONÓMICA, SIN DUDA.

SARA: Está claro.

ALFREDO: No creo que sea para tanto…

SARA: Te vas a llevar una hostia…

ALFREDO: ¿Y tú qué dices niñata?

SARA: ¡Cállate idiota!

YO: ¡BASTA! Sara, permanece en silencio por favor y escucha. La próxima vez tú harás lo que yo… Alfredo, ¿crees que soy mayor que tú?

ALFREDO: ¿Y eso a que viene ahora?

YO: Responde, por favor.

ALFREDO: Pues sí.

YO: No importa mi edad. Consideras que soy más capaz de entenderos a vosotros y de entender a vuestros padres que tú mismo.

ALFREDO: Es posible, sí, pero yo a ti no te entiendo.

YO: Vas a entender en seguida. Si yo tolero tu incomprensión, te respeto aún cuando sepas menos que yo en este tema, no digo de otras cosas...¿por qué tratas a tu hermana con esa falta de tolerancia y de respeto? ¿Sabes lo mal que se siente ella y tu madre? Si yo fuese como tú, debería entonces haberte faltado al respeto sólo porque considero que sabes menos que yo en cuanto he entrado por esa puerta, ¿no?

Silencio.

YO: La edad no está reñida con la madurez, no te confundas. Juzgas en ella lo que hay en ti, tal vez el que no comprende, recurre al insulto y por lo tanto es un niñato seas tú. Tal vez hayas reflejado en ella lo único que conoces, lo único que proyectas.

ALFREDO: Me insultas.

YO: Yo no te insulto, trato de mostrarte cómo has hecho sentir a tu hermana. Si te duele, ¿por qué haces daño?

Alfredo baja la cabeza.

YO: No bajes la cabeza. No te estoy riñendo. No soy mejor que tú. YO TE RESPETO, tal vez te respete yo más a ti que tú mismo….¿Comprendes el valor de las cosas, del respeto? ¿Pretendes que los demás te respeten y valoren si tú no eres capaz de mostrarles respeto ni valor a ellos? Si no cambias tu actitud, vendrá una experiencia dolorosa que te hará ver.

ALFREDO: Pues cuando venga ya me apañaré. A ti no te importa.

YO: Cada pequeña acción, palabra o pensamiento no imaginas cuánto nos afecta a todos. Eres libre de actuar como desees, pero recuerda que los demás también tenemos esa libertad y tú no eres nadie para bloquearla. No puedes ni debes impedir que yo me exprese, aún cuando no estés de acuerdo conmigo o lo comprendas. A eso se le llama TOLERANCIA.

SARA: No lo entiendo.

YO: Ya entenderéis. Demasiada información por hoy. No estaría mal que hablarais de esto con vuestros padres. Y si no desean escuchar, tal vez debáis pasar una época complicada, hasta que logréis independizaros. Con frecuencia, los errores devastadores de los padres, los pagan los hijos durante toda una vida, y se los transmiten a sus hijos. Imaginad lo que debieron sufrir vuestros ancestros para llegar a vuestros padres si estos no han sabido amaros de verdad. Los padres no siempre nos comprenden sólo por intentar acercarnos o sentarnos a hablar con ellos. Algunos padres pueden llegar a ser muy severos, orgullosos, rígidos y violentos. En esos casos, deberéis ser compasivos, pero también deberéis alejaros de ellos en la medida de lo posible para poder crecer y que no os impidan YA MÁS ese crecimiento.

ALFREDO: Pues yo entonces voy a tolerar que la gente en el mundo se siga matando, ¿hasta ese punto llega tu tolerancia?

SARA: Como te pasas tío…

YO: Escuchadme. Sólo diré esto:

 

ESCRIBID LOS VALORES SOBRE LOS QUE SE SOSTIENE LA FAMILIA. COLGADLOS EN GRANDE, EN UN MARCO EN LA PARED DE UN LUGAR DE LA CASA QUE VALORÉIS.

ELABORAD TODOS UN PLAN DE REPARTO DE TAREAS SEMIPLANIFICADO.

LA VIRTUD ESTÁ EN EL CENTRO DE TODO.

LO MEJOR ES NO TENER DEMASIADOS TRASTOS QUE MANTENER O LIMPIAR.

LO IDEAL ES ENSUCIAR CUANTO MENOS MEJOR.

ASÍ HABRÁ MENOS TRABAJO Y DISPONDRÉIS DE MAYOR TIEMPO PARA VIVIR Y TENER CALIDAD Y CANTIDAD DE VIDA.

DE LOS EXTREMOS SE APRENDE LA NECESIDAD AGÓNICA Y PROLONGADA DE BUSCAR EL CENTRO.

TOLERAR Y CEDER, PERO PONER LÍMITES.

RECONOCER LAS PROPIAS NECESIDADES.

RECONOCER LAS DEL RESTO.

SABER CUANDO INTERVENIR Y SENTIR COMPASIÓN Y PERDÓN.

SABER CUANDO NO INTERVENIR Y PONER DISTANCIA Y DESAPEGO.

RECONOCER CUANDO SABER DAR AYUDA.

RECONOCER CUANDO SABER RECIBIRLA.

COMPARTIR LA DICHA Y LAS RESPONSABILIDADES.

ESTAR ABIERTO AL APRENDIZAJE, QUE VA DE LA MANO DE LA SABIDURÍA Y LA COMPRENSIÓN.

LAS COSAS SUCEDERÁN A SU TIEMPO. NI ANTES NI DESPUÉS.

El resto de cosas que en vuestra familia necesitáis aprender todos sólo dependerá de vosotros y de vuestros padres, no de mí en última instancia. Gracias por haberme escuchado. La lección de ellos pendiente como padres es que han de admitir que no supieron hacerlo mejor, pedir disculpas y tratar de considerar que no es tarde para corregir. Y la vuestra es dar valor al esfuerzo de vuestros padres, y compartir las responsabilidades del hogar en la medida que todos podáis hacer vuestra vida, para poder aplicarlo cuando forméis vuestro propio hogar.

SARA: Gracias…

ALFREDO: Pues yo no sé qué decir…

YO: Entonces no digas nada. Mejor en este caso es hacer que decir…

 

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Y después, PARA TODOS:

 

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