JÓVENES CULPADOS: CREE EN TI Y EN LOS QUE CREEN EN SI MISMOS

La verdad, he llegado a un punto en que he logrado discernir y seguir perfeccionando este arte…

El arte de aprender a no confiar en todo el mundo, el arte de aprender a confiar sólo en algunos. Sólo en aquellos que realmente hablan con sabiduría, sin juzgar y que por encima de todo creen en sí mismos y en los que creen en sí mismos para hacer de este mundo un lugar mejor.

Nací en la generación de los 80, igual que muchos.

Nos dijeron muchas cosas.

Nos siguen diciendo cosas, que hace años dejé de escuchar. Amablemente, comencé a dejar pasar comentarios de gente que ya mintió en el pasado. Lo supiese o no.

¿Cómo voy a creer a una persona que sostiene que los jóvenes tienen la culpa de que haya paro? ¿EN LUGAR DE PROPONER NUEVAS IDEAS, O DEJAR QUE OTROS LAS PROPONGAMOS?

Esa persona, en representación de las generaciones que nos precedieron no dejó de repetir en su día que con estudio, trabajo y esfuerzo llegaríamos lejos. Hicimos caso, y a día de hoy nos culpan por la situación actual de la que en gran parte ellos también son responsables. A eso le llamo ser irresponsable.

 

 

Más allá de la falta de respeto que yo pueda mostrar en mis dibujos, trato de corregir y aportar nuevas ideas que van más allá de los juicios. Sencillamente, la vida es demasiado bonita como para perderla entre culpas.

 

Estudié una carrera, trabajé de lo mío, y de otras muchas cosas que no siempre tenían que ver con mis estudios. Permanecí en varios trabajos a la vez, a turnos y haciendo noches. Al mismo tiempo me preparé oposiciones que para lo único que me sirvieron fue para conseguir puntos en bolsa pero jamás para sacar plaza. Pues no tenía nunca experiencia suficiente. Perdí un tiempo precioso que podría haber invertido en pasar con mis seres queridos, en cuidarme y en vivir la vida. Pasé temporadas de paro. Pero nunca dejé de trabajar, en realidad sólo dejé de cobrar en un sistema esclavo, para ponerme a curarme, a escribir y a conseguir ganarme la vida de un modo sostenible y próspero para mí y para todos en todos los sentidos posibles. Confío en que todo llegará, por duro que se esté haciendo. Más duro sería dejarme arrastrar por la corriente de ignorancia. Mi mente y mi cuerpo nunca pararon. Mi cuerpo sólo paró con la enfermedad estando ya la batería de mi energía a 0. O menos.

Esto no es un discurso victimista aunque pueda parecerlo.

Sencillamente considero que aquello que no funciona o que hace daño ha de ser destrozado y transformado.

Tras la enfermedad aprendí a valorar lo que no valoraba, aprendí a asumir menos responsabilidades de las que tocaban, aprendí a asumir las que tocaban y yo no había sido consciente de hacer o no había sabido hacer. Aprendí a decir «NO». Hubo muchas cosas que hice mal, pero no me culpo por eso, ahora me responsabilizo de las consecuencias y trato de mejorarme en el resto. Pero eso no quita que toda la responsabilidad fuese mía. TODOS tenemos un papel.

Me agarré a un clavo ardiendo, a trabajos miserables porque «no había otra cosa». Al final, tras haberme matado a estudiar primero una carrera, luego máster, luego cursos, tras haberme matado también a trabajar a la par que estudiaba, he conseguido ingresos miserables, dos hernias discales que me dejaron encamada y que casi me invalidan de por vida.

He dado tumbos por diversos negocios donde han intentado engañarme y sacarme el dinero para quedarme con una mano delante y otra detrás.

El dinero que gané, la energía y el tiempo que invertí se perdieron. El dinero tuve que invertirlo para volver a recuperar mi salud. Así que estoy con menos dinero que cuando empecé a trabajar, con menos salud y con menos energía. Pero aún así, estoy mejor de lo que llegué a estar, considero que me estoy recuperando y dejo de escuchar a los pecadores que buscan justos sobre los que descargar su irresponsabilidad.

Algo está fallando pues no soy la única.

El tiempo que ha pasado desde que comencé a invertir en mi cuidado, y que por cierto, me devolvió a poder volver a caminar y a la salud, es tiempo que he dejado de trabajar y estudiar para ganar dinero. Pero yo he seguido trabajando y estudiándome para sencillamente obtener mi sueldo a final de mes.

No es dinero: es SALUD, SIN LA QUE NO PODRÉ HACER NADA.

 

 

 

En ese lapso de tiempo he escuchado estas frases:

NOTA: Pongo la frase, y abajo lo que yo contestaría a esas personas con todo el respeto y comprensión del mundo. Sin sarcasmos, lo digo de verdad.

 

Eres un vago.

No estar trabajando a cambio de dinero, en algún momento de las 24 h del día, no significa que no esté trabajando para curarme en el caso de tener una lesión o que haya que desmerecer mi trabajo. Escribir aquí ya es un trabajo, hacer deporte para poder hacer lo que todo el mundo hace sin necesidad de ejercitar ya es un trabajo. O que no esté trabajando, o que no esté buscando empleo. A muchos les recuerdo que las lesiones no siempre aparecen en pleno trabajo para que puedan ser justificadas y remuneradas como enfermedad profesional, o no aparecen cuando hay contratos formalizados de por medio. A veces, las personas se ven obligadas a aceptar trabajos en negro o sin contrato para poder llegar a final de mes. Que haya gente que no trabaje no significa que todos sean así. Empecemos a no hablar sin saber, por favor. En esos casos, la persona queda enferma, y sin recibir ningún tipo de ayuda si no reúne ciertos requisitos.

 

Los jóvenes no sabéis hacer otra cosa que no sea lo vuestro.

De nuevo. No se puede generalizar. Muchos hacemos eso, y mucho más. muchos de nuestros abuelos no estudiaron, pero trabajaron. Muchos de nuestros padres estudiaron, o no, trabajaron y pudieron labrarse una vida. Nosotros hemos tenido estudios, nos hemos matado a trabajar para ser dependientes. Para no poder tener casa, no poder tener familia, para ni tan sólo poder mantenernos a nosotros mismos. Y ser sometidos a la humillación de aquellas generaciones predecesoras que no hacen sino culparnos pase lo que pase, cuando bastante tenemos ya con responsabilizarnos de la montaña que nos ha caído encima. Oír los rezos diarios basados en la culpa de todos aquellos que derrocharon el dinero y nos hicieron creer que podríamos hacer lo mismo, la verdad no hace sino estancarnos. Muchos se han jubilado, prejubilado, reciben una paga por estar de baja o por enfermedad. Mejor calladitos. Ya basta de continuo machaque. No nos ayuda.

Se puede haber tenido estudios, y acabar trabajando de camarero, vendiendo bisutería, repartiendo publicidad, de canguro, de vendedor de casas, en el campo, de todo.

 

Hemos pasado guerras y levantado un país para que los jóvenes ni estudien ni trabajen…

Algunos ni estudian ni trabajan. ¿Se han preguntado por qué? Tal vez sean vagos, tal vez estén solos, tal vez enfermos. En ningún caso es excusa, cada uno deberá responsabilizarse de su vida. Es cierto. Pero la responsabilidad de alguien que ha levantado un país es ver en qué ha fallado y qué valores son los que ha transmitido a sus generaciones, y estas a las siguientes para que la situación sea esta. Es como tener un hijo. Si el niño crece viendo cómo se golpea a un perro, no se le puede reñir por hacer lo mismo cuando sea mayor.

 

Invierte todo tu dinero en el banco o un fondo de pensiones.

¿Qué dinero? ¿Nos lo quitamos de comer ahora para tener un plan de pensiones mañana? Si nos morimos ahora por no comer, tener techo y casa, un plan de pensiones es muy útil desde la tumba.

 

Trabaja de lo que sea, aunque pierdas la salud, gana dinero.

¿Cuánto vale la salud? Para algunos no tiene precio. Si pierdes la salud, DE VERDAD, no podrás seguir trabajando. Directamente no tendrás salud ni para moverte de la cama. Si no puedes moverte, te da un infarto, o te sale un cáncer, ¿el miserable dinero te va a salvar? ¿No será mejor aguantar y pasarlo mal igualmente siendo más selectivo con un trabajo con la mayor calidad posible, aunque se gane un poquito menos? Digo yo. ¿De qué sirve un sueldo decente a final de mes que te quita la salud, si luego ese dinero se gastará en tratamientos y medicinas? Sale más barato irse al monte y buscarse la vida uno mismo.

 

Yo no pude permitirme el lujo de estar enfermo. Como trabajé, ahora tengo mi pensión cosa que tú no tendrás si no trabajas.

Jamás nadie oirá a un enfermo decir que estar enfermo es un lujo. Las personas no enferman por que quieren, o no se quedan en la cama siempre porque quieren. Otra cosa es que los que dicen esta frase en el fondo sientan una envidia tremenda por desear quedarse en la cama y una rabia irrefrenable por sentir que no pueden hacerlo. ¿Qué culpa tiene el resto del mundo que ha terminado enfermo por un trabajo más miserable que el del envidioso, si ahora necesita realmente cuidarse?

 

Teniendo una carrera, y no trabajas de lo tuyo.

Tal vez, ese trabajo estaba quitando la vida a esa persona. No hay nada más triste que estar muerto en vida. He visto muertos más vivos. Es preferible una persona feliz con pocos medios, que ser el más rico del cementerio.

 

Teniendo una carrera y te vas fuera a trabajar en cosas que podrías hacer aquí.

La gente se marcha fuera porque se aburre. La gente se suicida tras un desahucio porque se aburre. La gente se queda en la cama o en casa con una enfermedad profesional reconocida o no, porque le da la gana. La gente se muere y pasa hambre en la calle porque no tiene nada mejor que hacer…Los seres humanos tenemos vicios tontos…

Un factor común en los que decían esas frases siempre eran personas que habiendo sufrido, o no, habiendo tenido las circunstancias más o menos difíciles, todos tenían su sueldo a final de mes, y no precisamente bajo. Su dinero asegurado.

Desde ahí, era muy fácil juzgar.

 

 

Pero básicamente, reaccionar y movernos por culpa debido a gente que se mueve por culpa no es sano.

En algún momento la cadena de la culpa ha de romperse.

Ellos deciden moverse por culpa.

Ese es su problema, del que ellos han de tomar parte, y ninguno de nosotros puede ni debe hacerlo por ellos.

Si hicimos caso de personas que necesitaban que hicieramos ciertas cosas para ser felices, que nos han juzgados por acompañarnos hacia resultados indignos, reflejo de su ignorancia, y la nuestra…

¿Según eso, si ahora nos juzgan, qué criterio deberíamos tener muchos para hacerles caso si antaño obedecimos y las cosas no salieron bien?

Nos culparon en lugar de responsabilizarse, de enseñarnos, o en su defecto no entrometerse y dejarnos en paz cuando por nuestra cuentas hemos intentado, y de hecho, estamos arreglando lo que otros que nos juzgaron estropearon.

¿Cómo confiar en personas así?

¿Cómo no hacer caso a nuestro propio GPS interno, que siempre estuvo ahí y responsabilizarnos para el beneficio común, nos digan lo que nos digan?

Ahora nos toca ser responsables, independientemente de que los que provocaron esto, bajo nuestro consentimiento, no lo hagan.

 

TAL VEZ LO TENGAMOS MÁS COMPLICADO, PERO NO ES IMPOSIBLE. 

 

Seamos responsables y valientes, que es lo que, a veces siento que muchos que los que nos precedieron no fueron capaces de ser.

 

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