SOBRE LA MUERTE, EL SUICIDIO Y LA PELÍCULA «INVENCIBLE»

Esta noche, mientas cenaba con mi familia he sentido algo verdaderamente inspirador y revelador.

Tenían puesta una película en la TV: «Invencible», bajo la dirección de Angelina Jolie.

Apenas he visto unos 45 minutos, y con interrupciones. Pero eso no importa. Importa lo que me ha venido y siento he comprendido EN UNA SOLA ESCENA.

No habría sido posible de no ser por mis experiencias anteriores.

 

No elaboraré una sinopsis ni una reseña pues ahora no es mi objetivo.

Paciencia, esto es largo.

Pero creo que todo lo que requiere paciencia, acaba mereciendo la pena.

Hablar de suicidio y muerte es un tabú en muchos lugares. Sí, todavía, a estas alturas del siglo XXI.

Perdonad mi fina indiscreción, pero me la resbala. 

Aún cuando debo aprender más, sé en parte, de lo que hablo, y si con eso ayudo y abro los ojos a otros, tampoco creo que sea un delito aplicar esta expresión.

La película en sí no la he asociado al suicidio, pero iré revelando conceptos sobre lo que es la existencia y la necesidad de supervivencia.

 

Me centraré en la escena que me ha INSPIRADO y me ha hecho sacar a relucir muchas cosas que estaban en mi consciente y en mi subconsciente, para mezclarlas como un puzzle y sacar un concepto final integrativo.

 

Sólo he alcanzado a ver la parte en que el protagonista termina de correr en los Juegos Olímpicos en el año 1936, y la parte en que en plena Segunda Guerra Mundial el atleta Louis Zamperini termina en dos balsas con dos compañeros en medio del océano. Sin apenas medios para sobrevivir.

Si no habéis visto la película os recomiendo que no sigáis leyendo hasta que no la veáis, a no ser que no queráis que os desvele y reviente el destino de los personajes en esas escenas.

 

El caso es que, tras hallarse en situación de no poseer comida ni agua, se ven obligados a alimentarse de los animales que se les acercan, tanto por aire como por tierra. Después, avistan un avión, confiando en que les salve. Pero finalmente el avión regresa una y otra vez para dispararles. Y con cada regreso se lanzan a al agua bajo sus balsas, llena de tiburones.

Una situación extrema, donde quepa.

Sin escapatoria aparente.

El caso es que finalmente uno de ellos tres, al poco muere en las balsas.

He de decir que la escena me ha tenido en vilo, captando mi atención. He quedado fascinada con el maquillaje. Hasta parecían deshidratados, hambrientos y moribundos de verdad.

 

Viendo morir al personaje he sentido un conocimiento dentro de mí que me ha sido revelado.

No sé cómo he terminado de encajar las piezas, pero eso no importa.

Lo que importa es que aquí está las palabras.

 

El personaje moría. Y me ha inspirado para escribir esto.

Vi morir a un familiar, y cuando era muy pequeña me hablaron de la muerte de más familiares, he contemplado y asistido en la agonía y la muerte a probablemente más de cien personas. No llevo la cuenta. Pero ya son unas cuantas.

La mayor parte, ha sido en hospitales.

 

Después de haber experimentado en mí, observar en otros, leer, andar mucho, dar tumbos en unos sitios y en otros, he vomitado algo nuevo cual mayéutica al complementar todo con esa escena.

 

¡AHÍ VA!

 

¿Sabéis cuál es la principal lección que hemos venido a aprender aquí como parte de ser amor?

A perdonar.

Perdonar significa dejar ir, soltar.

 

 

Ahora retomaremos este concepto.

 

Al ver en la gran pantalla un reflejo más poético para mí, de la vida real, lo he comprendido mejor.

 

Supongo que es, la magia del cine. La que a su modo, nos ayuda a sentir, rescatar y trabajar emociones. No sólo los actores, directores y personas que trabajan en todo lo que aparece en pantalla hacen un gran trabajo emocional. El espectador también está sometido a una gran presión emocional cuando VE. Y VE.

Continuamente todos, más adelante y más allá de las cámaras y el objetivo de la vida somos llamados a enredarnos entre emociones para luego salir de ellas.

 

Una muerte en el cine, a mi modo de ver, para mí jamás será algo tan impactante, fascinante y desconcertante como una muerte en vivo y en directo.

Por muy bien que trabajen los actores, directores y todos aquellos que hay detrás de una película, la muerte no se huele, no se cuela por todas tus células. Ese escalofrío inicial y esas sensaciones incomparables se experimentan mejor cuando tienes cerca al moribundo. Y a veces, también a los allegados que hasta absorben toda tu energía como si fueras UN PILAR BLANCO GIGANTESCO en el que se apoyan desesperadamente.

 

Que conste que no desmerezco el trabajo del personal dedicado a la industria cinematográfica, pues desde aquí deseo aprovechar para decir que considero que todas las profesiones relacionadas con ella son enormemente admiradas y respetadas por mí. Desde siempre.

Supongo que la misma admiración que siento por todas las profesiones del mundo.

En el caso del cine, este me acompañó desde niña.

El cine, el teatro y la música salvaron parte de mi infancia.

Siempre lo diré.

 

El caso es que, todo el mundo debe (y al final sucede, pese más o menos) contemplar una muerte para apreciar la vida.

O simplemente porque sí.

Pues mucho que aprender hay detrás de cada muerte, de cada persona.

Pues no todos los seres enseñan lo mismo ni dejan las mismas cosas aquí al morir.

 

La principal lección a aprender para poder marcharse BIEN y de verdad cuando llega el momento de la muerte física, es haber aprendido en vida a soltar y a dejar ir tanto los aspectos banales de la misma como los más significativos.Depende de si hemos entrenado el soltar o no en vida en todas las dimensiones, el cómo nos vayamos a marchar.

No podemos saber cómo nos iremos.

 

Pero es probable que si entrenamos mucho en vida el dejar ir, especialmente con las relaciones y situaciones de más peso para nosotros en nuestra vida, finalmente el «soltar» desde la comprensión y el manejo de emociones no nos costará. Al menos no tanto. Y, también sabremos manejarlo en la muerte.

 

Al final, es cuestión de no acumular sentimientos procedentes de traumas sin resolver. Es doloroso en vida, pero más doloroso es irse y darse cuenta justo en el último momento de que no hemos hecho lo más importante. Dejar ir aquello que más nos hizo sufrir y nos impidió disfrutar de la vida.

El aprender a comprender el valor del sufrimiento precedente a la felicidad.

 

Para muchos, esto no es tarea fácil, especialmente en aquellas zonas geográficas donde el apego en las familias y las relaciones es muy evidente.

 

El apego puede tener una ventaja. Algunos necesitan sentirse apoyados para poder comenzar a andar, para poder irse de casa, para poder irse en un futuro de la casa transitoria que llamamos «Tierra». Ese apoyo ayuda a algunos a irse en paz.

 

A otros les agobia, pues son más independientes. Pero hasta los más independientes, necesitan apoyo y cariño.

 

He conocido gente que estaba sola, que había sufrido tanto, que me decían que su sueño era morir solos.

 

Tal vez decían la verdad, no me corresponde a mí juzgarlo. Estar disperso es bueno, pero demasiado disperso, demasiado solo, genera por exceso el mismo apego a los sentimientos atrapados, paradójicamente.

Todo depende de lo que uno busque en vida y en la muerte.

 

Pero sí puedo decir que no he visto a ningún moribundo que haya dejado una expresión feliz en su cara cuando ha muerto en soledad. Los que morían acompañados podían dejar un rostro dolorido y desfigurado también, pero al menos estos tenían una mínima oportunidad de sentirse acompañados en el trance.

 

Y los otros, a ver, en soledad, soledad, no estaban. Estaba yo. Estaba el personal. Pero no es lo mismo morir rodeado de una persona que no conoces apenas, que de tus allegados que han formado parte importante de tu vida.

 

Si bien nuestro papel es el de acompañar en ese instante, he sentido que para muchos con traumas sin resolver en sus relaciones nuestra compañía era insuficiente por el terror que experimentaban al morir.

 

Otros, tal vez con traumas, eso no lo sé, habían contemplado el sufrimiento en vida, y de la propia agonía de otra manera. Independientemente del estado de resolución de sus relaciones, nuestra compañía y nuestro apoyo para ellos era más que suficiente.

 

He ahí la diferencia entre aquellos que valoran hasta una desconocida y los que no. Una persona ajena a toda su vida, pero que en un ÚLTIMO INSTANTE SAGRADO camina de noche por los pasillos vestida de blanco y le tiende la mano, le seca el sudor frío y le acaricia antes de expirar. Si otros no nos valoraban, también era comprensible. Es completamente normal que uno quiera que su familia le acompañe en ese momento tan importante. Nosotros ahí, jamás podremos ni deberemos sustituir a nadie de la familia o allegados. Cada cual tiene su papel.

 

 

Por otra parte, no se trata de que muchos mueran con asuntos sin resolver y otros no.

Todos tienen asuntos sin resolver. No podremos hacer todo en esta vida. Por capaces y valientes que seamos, nuestro limitado cuerpo, acompañado del paso del tiempo que hace más interesante la existencia, nos impide hacer todo en esta vida. Si bien podemos ser capaces de hacer todo aquello que nos hemos propuesto e irnos sin cargas, eso es algo subjetivo.

Siempre tendremos la sensación de que hay mucho que aprender antes de morir, igual que sucedía en vida.

 

He ahí la importancia de que, estén las cosas como estén, hay que aprender a soltar. 

Y eso sólo se hace con amor y perdón.

Ese es el trabajo en vida más auténtico y que más sentido da a nuestras vidas, y no por ello carente de cierto nivel de sufrimiento para poner las cosas interesantes.

Incluso, os pongo un ejemplo. Yo tuve que prestar mucha atención a mi salud física, relacionada con mis pensamientos, energía y emociones para ir curándome. Tardé dos años sólo en poder sentarme a escribir o caminar sin dificultad y con menos dolor. Este año, ya puedo decir que estoy haciendo un poco más.

Y quién sabe, tengo y tendré una vida excepcional.

¿Sabéis que es lo gracioso?

Que después de permanecer años dedicando tiempo, dinero y energía para llevar mi columna al sitio, corregir mi escoliosis y y curar mis hernias. Que después de mantener mi cuerpo saludable, que mi columna permaneciera flexible y curada junto con el resto de mi cuerpo, al morir, tendré que soltar todo eso. Con todo lo que invertí e invierto, tendré que deshacerme de todo eso. Paradójico, ¿no? Podría hasta enfadarme, pero no, eso es justo lo que no hay que hacer. Después de todos vuestros esfuerzos por curar vuestros dolores y enfermedades, una vez el cuerpo esté sano, habrá que dejarlo ir. A algunos les fastidiará más que a otros, dependiendo del tiempo que transcurra entre la curación y la muerte.

Los que supongo, peor lo llevarán aunque esto es relativo y subjetivo, serán los que mueran en medio de una enfermedad o un accidente, llenos de confusión, y que no sea por muerte natural.

La voluntad puede decidir si el cuerpo o el alma mueren o no, y quién lo hace antes que el otro o ambos a la vez.

Con mi conciencia puedo controlar todo eso, alimentar y nutrir mi alma, al igual que mi cuerpo para que dure más tiempo y mejor.

Lo mismo todo el mundo.

 

Es necesario soltar en la muerte aquella parte del cuerpo que tanto nos costó curar.

O que aún sigue enferma, depende del como esté cada uno al llegar a la muerte.

Disculparse uno por no haber hecho todas las cosas de este mundo.

Por no haber conocido todos los rincones de este mundo.

Por no haber conocido a todas las personas de este mundo.

Por no haber leído todos los libros de este mundo.

Por no haber aprendido todas las cosas de este mundo.

 

Con aprender la más importante, basta. Una que vale por todas, aunque no sepamos nada más.

Saber casi todo y no saber esa es no saber nada.

 

Sólo cada uno elige cómo llegar hasta esa lección de soltar.

Unos haciendo, viajando, conociendo, leyendo, aprendiendo.

O todo a la vez.

Cuando alguien muere, arrepentido por algo que no hizo o dijo, o arrepentido por algo que hizo o  dijo permanece atrapado en la culpa, la tristeza, el miedo y el rencor. Y esos sentimientos le mantienen atrapado en el astral.

 

Hay muchas formas de muerte, pero lo resumiré en dos. Y lo enlazaré con todo lo que venimos tratando hasta ahora.

 

LA MUERTE DEL CUERPO FÍSICO ANTES QUE LA DEL ALMA

Es cuando el cuerpo se ha destrozado tanto por falta de cuidados a lo largo de la vida (por falta de fuerza de voluntad o de conciencia al fin y al cabo) o por accidente, que el alma detecta que no puede permanecer viable en ese cuerpo y se sale de él. Las funciones vitales se han anulado. Por mucho que el alma quiera, no puede seguir viva en un cuerpo que no capta aire y que no mueve sangre. A veces, cierto nivel de apego por parte del alma en un cuerpo relativamente destrozado, pero salvable es capaz de sobrevivir, aún en casos extremos, pero donde se pueda captar algo de aire y si se ha cogido a tiempo con una RCP (depende de la situación y el caso). Aquí el alma siente que aún debe terminar algo, o simplemente desea seguir viviendo. Sucede esto en los casos de personas en coma que bien, terminan de marcharse con más tiempo y calma, o logran volver.

 

LA MUERTE DE LA MENTE ANTES QUE LA DEL ALMA Y EL CUERPO FÍSICO

En el segundo caso, el cuerpo permanece vivo, y no hay en principio problemas físicos, pero el sufrimiento emocional extremo de un trauma no superado desbordó a la persona.

Unido a la incomprensión que el alma siente a raíz de una falta de conciencia, o un acomodamiento; es cuando inconscientemente comienzan a desconectarse del alma, del corazón y de la mente.

Y progresivamente las funciones físicas vitales se comienzan a desconectar poco a poco a raíz de ese sentimiento atrapado que viaja por el cuerpo.

Es cuando surgen las enfermedades, que van matando al cuerpo, y retroalimentan el suicidio inconsciente e involuntario al que el propio individuo se somete sin saberlo, pero muy en el fondo queriéndolo en parte.

Algunos llegan a ser conscientes, o no.

Pero en cualquier caso reaccionan a tiempo pues las ganas de vivir de su alma les empuja a salvarse y a hacer todos los cambios posibles para salir de la situación.

Muchos lo logran.

Otros, han llegado a un nivel tan intenso de enfermedad física que por mucha apertura mental que traten de aportar, el tiempo que han pasado machacándose y el cuerpo enfermo juegan en su contra.

Si el alma es fuerte puede llegar a salvarse, pues NUNCA ES IMPOSIBLE LA SALVACIÓN SI UNO LO DESEA CON TODAS SUS FUERZAS, pero no siempre es así.

Ya es muy difícil volver atrás, y el dolor y los síntomas insoportables y enraizados en el tiempo les hacen vibrar bajo de nuevo, es decir, sin esperanzas, sin amor, en odio y resentimiento.

¿Cómo nos ponemos cuando algo nos duele o tenemos un síntoma que percibimos como «insoportable»?

¿Podemos discurrir o lo sentimos casi hasta en las entrañas?

En ese estado de baja vibración energética, emocional y mental que queda grabada en las mismas células que se contraen de pánico, rabia y tristeza, hacen que la persona se enfade, asuste o deprima más. El sentimiento atrapado que estuvo a punto de ser expresado y curado, termina por autodestruirlos hasta la muerte del cuerpo físico. Y pueden pasar años, décadas.

Se da una muerte descontrolada que empezó por un sentimiento guardado en un cajón del alma que no se supo, quiso o no pudo expresar y se reprimió hasta que la mente se volvió loca, se anuló buscando desesperadamente una salida. Y al no verla, anulando de nuevo y acallando la tímida voz del alma que era su AUTÉNTICO GPS DE AMOR Y SALVACIÓN, la mente inconsciente y con un esquema limitado y sin trabajar la condujo hasta una ENFERMEDAD DEGENERATIVA.

A través de un intercambio energético violento, primero se desconectó la parte emocional a través del shock. Después se desconectó la parte mental. Y esta devoró las creencias y esquemas mentales en medio de una retroalimentación entre la mente y las emociones. Al sentirse mal, se evidenciaba y reafirmaba la creencia de soledad. Y al reafirmarse la creencia mental, el sentimiento presionaba a la parte física que provocó el síntoma.

Y todo eso en conjunto, fue configurando una onda energética con una vibración concreta que no hizo sino atraer situaciones de dolor y repeler posibles actos de comprensión y conciliación; destrozando al entorno más directo que cuidó de ellas hasta anularlos como personas, si estos se dejaron por miedo a decir «basta», culpa, rabia o falta de fuerza a cualquier nivel.

Yo le llamo lo que todos conocen como, ENFERMEDADES DEGENERATIVAS, principalmente entre otras muchas enfermedades.

 

 

 

Teniendo en cuenta todo esto, veamos lo siguiente:

El resumen en conjunto de toda esa vibración que la persona emite unido a esos sentimientos, le mantienen en el plano astral, atrapada en un sentimiento concreto o varios.

Y así, anclándose a otras almas del astral con una vibración similar.

O anclándose a seres vivos con vibraciones del mismo nivel, atormentándolos, no con el objetivo de hacer daño (aunque al final lo hagan al potenciar las emociones de los vivos), sino de llamar la atención para poder avanzar. Para que el vivo se hunda en ese estado de odio hacia el mundo y hacia sí mismo y busque respuestas ante la negativa a morir. Para obligarle a buscar todas las respuestas posibles.

 

Entre ellas, la de ayudarles a ir hasta la luz, y no dejarles en paz hasta que el ser vivo lo haga. O instar a tener pensamientos suicidas para que le acompañe en la desgracia y la desesperación en el otro plano, que no tienen por qué acabar con la muerte del cuerpo físico necesariamente.

 

Tened en cuenta que el objetivo del alma es volver a su esencia, que es el espíritu.

 

Alma es el ser, cuando está metido dentro de un cuerpo. Espíritu, es el ser cuando no está metido dentro de un cuerpo físico ni sujeto a emociones, sentimientos o apegos del astral. Es cuando ya ha trascendido y se ha iluminado.

Muchos confunden la diferencia entre un alma y un espíritu.

 

¿Por qué creéis que es tan importante avanzar en esta vida?

Para vivir en paz, pero especialmente para entrenarnos a irnos en paz y con amor en el último instante.

 

 

Es lo que sucede por ejemplo a un músico cuando pasa meses o años tocando un instrumento y ensayando para que el día de una gran actuación, que puede durar apenas media hora o una hora (frente a meses o años de esfuerzo), tenga éxito o no.

Y aún así, hay más factores que influyen en el instante decisivo.

 

Muchos dicen:

«¿Y qué culpa tengo yo de lo que hice en una vida pasada?»

«¿Y entonces me tengo que joder en esta vida para ser feliz en la siguiente? ¡Pues no ves que no!»

Bien, las cosas no funcionan así. Por lo que tengo entendido, creo que muchos no se han sabido explicar bien porque no lo han comprendido o asimilado y se han malinterpretado por muchos demasiado tiempo. Es de sentido común. Todo lo que sucede en todos los planos de existencia son paralelismos y simbologías puras y duras, más claras que el agua.

Más claras cuando a uno le viene, se las explican bien o cuando uno las integra.

Yo comprendí algo muy diferente a lo que muchos solían decir provocando en mi opinión, más confusión a las almas perdidas.

Pensadlo, comprobadlo, experimentad y tened vuestro criterio.

 

Este es el mío, a ver qué os parece:

No se trata de cambiar y trascender los sentimientos atrapados antes de la muerte comprendiendo el significado del sufrimiento, simplemente para que en la próxima vida nos vaya bien.

Sino para que YA EN ESTA, SEAMOS FELICES. ¡Ahora mismo, por favor!

¿Cuánto deseamos esperar para amar, para dejar ir, pero también para mostrar nuestro afecto y sentimientos, o defender nuestras ideas y férreos principios?

¡Aquí tenemos la vida, lista para estar listos, nos está esperando para ser felices! ¡Acompañadme, si lo deseáis!

¡Y luego cuando comprendáis, seguíos a vosotros mismos, por favor! Yo puedo guiar transitoriamente, pero hasta yo necesito guías.

Y muy a menudo por cierto.

Y ahí están, siempre.

Alma, cabeza y corazón se llaman.

Escuchadlos, pues son vuestro mejor regalo.

 

¡Sois demasiado valiosos como para siempre seguir a otros y no escuchar a vuestra alma, que para eso está!

 

En el camino de la vida hay que ir sin prisa pero sin pausa. Cuando tuve cierta edad y superé mis tentativas al suicidio, visitar frecuentemente cementerios en todas partes me ayudó mucho. Me ayudó a tener una perspectiva de la vida y la muerte mucho más amplia, CALMADA Y SERENA. Sin duda. Cada vez que iba, sentía que no podía perder tiempo en escribir mis libros, este blog y enseñar lo que aprendí. Pero que después de haber corrido tanto para llegar la primera a postrarme en una cama durante dos años, también debía aprender a calmarme y disfrutar de la vida. Los cementerios, tras haber comprendido y trascendido el sufrimiento me enseñaron a ir por el camino del centro.

Aquel que concibe la vida como un castigo y una resignación, así la verá hasta que se de cuenta a lo largo del sufrimiento de la incansable rueda de varias vidas, que la vía no es esa.

Es el amor.

Ese es el gran aprendizaje, el perdón a través del amor.

Hacia uno mismo, hacia todos.

Ya podemos ser felices, aquí y ahora.

Tal vez vayamos soltando todo poco a poco sin perder la necesidad de relacionarnos con todos y enraizarnos con la Tierra.

Y así, desapegados con comprensión mundana, en paz, puede que no necesitemos volver más.

Y si volvemos, que sea porque lo deseamos, o para volver en resonancia (Y NO POR ELECCIÓN COMO MUCHOS DICEN) con almas y familias de vibración más elevada. Padres y familias más amorosas que las que antaño se tuvieron, llenas de odio que nos empujaron a trascender, aunque fuera por la vía de los palos y el sufrimiento más extremo.

Tal vez suene masoquista, pero las personas a las que más amamos, son las que más daño nos hicieron. Y por eso a los que nacimos en familias con más resentimiento (por pura afinidad con ellos, de nuestro resentimiento con el suyo), sentimos una y otra vez, bruscamente, una patada en el estómago para desapegarnos de una puñetera vez nosotros de ellos y ellos de nosotros.

No olvidemos que RESENTIMIENTO SIGNIFICA RE-SENTIR, que es SENTIR UNA Y OTRA VEZ, UNA Y OTRA VEZ, ENGANCHADOS, APEGADOS HASTA EL AGOTAMIENTO. ESO NO ES SANO. Una locura en las familias que es de donde sale cada individuo y a donde llega.

Y eso nos ayudó a aprender y a reconocer que a la hora de morir, nos benefició el entrenamiento en vida. Suicidarse antes de aprender eso es anclarse y triplicar la dificultad de la prueba. No juzgo a los suicidas, pues yo entiendo que lo hagan. Aunque finalmente no lo hice. No sé si volveré a desearlo. Lo ideal es desprenderse con amor, pero hasta los que aprendieron a soltar, en esta vida o en las otras, pasaron por sus aprendizajes a través de patadas y EXPULSIONES BRUSCAS. Expulsiones bruscas del útero materno naciendo antes de tiempo, expulsiones anticipadas de casa, de grupos sociales, expulsiones de los trabajos, expulsiones de las relaciones, expulsiones y catapultados hasta en la mismísima puñetera muerte.

 

¿No lo véis como una maldita repetición de un patrón que busca curarse convertirse en un bendito desprendiemiento por fin que traerá alivio?

 

Hasta a ellos que más nos destrozaron por depositar nosotros altas expectativas en ellos, hasta el punto de mirar el suicidio más violento varias veces con ojos tiernos, se les puede dar las gracias. Pues en la muerte, podremos recordar, que nos obligaron a desapegarnos de la vida. El sufrimiento, si se supo entender, tuvo sentido. Y la muerte, tras una vida de sufrimiento, o sufrimiento en parte de ella supo muy dulce. Un alivio tras la agonía simbólica de la vida y la agonía física típica pre mortem. En parte, nos ayudaron a aprobar la asignatura más importante.

 

Algunos van a buen ritmo y progresivamente. Otros van de culo suspendiendo y rebotando de un extremo a otro, hartos; pero al final hincan los codos y superan la asignatura hasta mejor y más rápido que aquellos a los que la muerte, el sufrimiento y el dolor no les pisaba los talones cada dos por tres.

Pero eso no importa, importa que lo aprendamos.

 

¿Comprendéis ahora por qué muchos se van relajados de vuelta a casa? O bien supieron soltar ya desde pequeñitos, o bien lo aprendieron a palos. Pero lo aprendieron. Y la felicidad se percibió multiplicada por mil.

No tengáis miedo. Sentid amor por la vida y la muerte. Forma parte.

 

Precisamente, si muchos hubieran sido menos egoístas consigo mismos antaño, tal vez ahora, ya más trabajados no habrían pasado en esta vida por tanto calvario, ni habrían caído por vibración semejante en familias llenas de odio, rencor, maltrato bajo cualquiera de sus formas e incluso de crímenes y delitos.

 

 

Yo siento que las almas del astral siguen ahí hasta que van a la luz. Y si no consiguen llegar porque su vibración sigue siendo baja o con sentimientos lejanos al amor, atrapados, volverán aquí una y otra vez.

Volveremos una y otra vez hasta aprender a dejar ir todo.

TODO.

Y salvo que lo deseemos para volver a recordar la necesaria oscuridad ante una luz continua que puede cegar y freir los ojos por ser demasiado «buena» en el extremo, no necesitaremos bajar más.

Morir soltando todo, es un pase directo a la luz, sin más asistencia que la de nuestra propia conciencia y fuerza de voluntad.

 

Y eso, se aprende o bien a través de haberlo captado de familias de alta vibración predominante en el amor, que enseñaron con amor (al vibrar en amor, se atrajo eso), o bien a través del contra ejemplo con familias que enseñaron a golpes porque sólo sabían vibrar bajo, en el juicio, la crítica y el odio. Que haya variedad de vibraciones en los seres y las familias no es bueno ni malo.

Sólo, es.

 

Digamos que la vibración resumen de los sentimientos que tiene el alma en el momento de la muerte en  una existencia anterior es la que atrae a la familia de vibración similar en la vida siguiente (o presente).

 

Se puede aprender del amor.

O a golpes como decía. A golpes para que aprendiéramos a soltarnos por la vía, tal vez más dura y difícil. Horrible, horrenda y horrorosa puede ser la existencia con un entorno que nos empuja a desear el suicidio, pero el suicidio nos conduce a más de lo mismo, pero en otro plano. Estar mal aquí es lo mismo que estar mal en otro plano. Y más difícil, pues al no disponer de cuerpo para gritar, chillar, temblar, llorar y soltar las emociones, difícilmente podremos trascenderlas y soltarlas. El círculo vicioso se hace insostenible. Por eso muchas almas desean suicidarse, pero de forma innata, por insoportable que sea el sufrimiento, siguen adelante, porque saben que la solución pasa por comprender a comprender el sufrimiento y a TRASCENDERLO.

 

Uno puede suicidarse conscientemente en un sólo día, o suicidarse maltratando el cuerpo, la mente y las emociones durante toda una vida.

Suicidio para mí es suicidio.

Acabar con el cuerpo, consciente o inconscientemente.

Morir atrapado en el dolor es morir atrapado en el dolor, bien porque uno se lance a la vía del tren, tome cianuro, o tras un cáncer o un infarto (y otras enfermedades etc, etc…) del que no ha aprendido; como el que ha pasado toda su vida matándose hasta auto infligirse una enfermedad degenerativa donde termina por perder el tan ansiado control. Y en este último caso, hasta terminó muriendo, meándose y cagándose encima en medio de una completa desconexión del todo de su todo.

Del alma y del amor.

Muchos oiréis o habréis oído lo que he dibujado y escrito en los bocadillos del cómic. No habrá nadie que sintáis os apoye. Por eso es por lo que desearéis lanzaros. Pero por favor, paraos un momento. Y dos, y tres. Haced lo que consideréis. Yo rabié de dolor, y al final lo pasé. Y gracias a eso nació mi blog, y mi nueva profesión de escritora. El único traje donde más feliz me he sentido.

Tuve que conocer lo que odiaba, para darme cuenta de lo que amaba.

 

 

Y repetiré esto las veces que sea necesario, la solución es: AMOR, PERDÓN, MÁS AMOR Y MÁS PERDÓN. PRIMERO A UNO MISMO, DESPUÉS EL RESTO. Y DESPUÉS SABREMOS HACERLO CON TODO A LA VEZ. 

Cuando comprendamos esto las personas que no nos aprecian y que están llenas de odio y rencor, se alejarán de nuestra vida, dejándonos solas. Es normal. Dejadlas ir, no las retengáis. Forma parte. Dejad espacio y relativamente pronto comenzará a llegar personas que os amarán tanto como vosotros a todo y a todos. Y oiréis frases como las que aquí he dibujado y escrito. CONFIAD.

 

 

Enlace similar:

LA ESENCIA DEL PERDÓN

 

Perdonad, he estado escuchando algo mágico mientras escribía esto. Siempre escucho música acorde a lo que escribo cuando escribo. ¿Cómo no iba a sentir las palabras si de otro modo fuera?

Ahora, necesito irme a soltar unas cuantas lágrimas para que mi alma vuele un poco más…

 

 

Aquí os lo dejo: Gracias por la música a todos los que hicieron posible que yo pudiera escucharla para escribiros esto.

 

 

 

 

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